Advertencia: demasiado feminista… para tu gusto

Hoy un compañero del programa de estudios se acercó a mí y me dijo “tú eres demasiado feminista”, pregunté por qué y, aunque todavía no estoy segura la médula de la crítica, creo que iba por la línea de: entiendo que luchen por los derechos de las mujeres y la igualdad, pero a veces son muy radicales, al punto de cuestionar la relación natural entre hombres y mujeres. Yo le pregunté por ejemplos específicos que le parecían radicales sobre mis posturas y, aunque no me supo dar detalles, me preguntó si creía que los hombres debían ser caballerosos. Esta conversación-debate-discusión, no sé ni como definirla, se tornó en una diálogo entre gente sordomuda. Quizás eran las copas, quizás eran las ideas. Como me pasa a veces, me exalté en mi defensa de ser “muy feminista” y me dijo que era violenta con mi forma de hablar. El diálogo no fluía y yo dejé de intentarlo, lo invité a tomar un café cuando guste intercambiar ideas seriamente.

Como es típico en mí, me quedé pensando en el tema. No es menor el punto que me trae este auto-proclamado conservador que respeta muchísimo a las mujeres. No es la primera persona que me dice que soy muy radical, ni será la última, aunque yo nunca me he visto a mí misma así, aunque crea que mis ideas tienen fundamento, aunque piense que el adjetivo es un mero prejuicio.

Sé que la palabra feminista es mal vista en estos días. Sé que a muchas mujeres independientes, agentes propias de sus vidas, les ofendería que les llamen feministas. Sé que quedarse sola asusta. Pero también sé que hay opiniones que tengo claras que se tildan de “feministas” y que hay otros asuntos sobre los que no tengo una opinión definida. Sé que muchas veces no coincido con mis amigas feministas sobre posturas ligadas a lo que es el discrimen por género. Sé que mucha gente que se niega a autoproclamarse feminista cree sinceramente en la equidad de género y dirían algo –aunque sea en privado– si observan alguna forma de discriminación contra una mujer.

Entonces me preguntó qué ven en las luchas feministas más allá de una lucha por los derechos, una lucha anti-discriminación. Podemos discrepar sobre ciertas formas de discriminación, sobre qué constituye discriminación, así como discrepamos sobre otros derechos, pero hay que hablarlo, con respeto y sin prejuicios. Quizás para alguien regalar muñecas a todas sus sobrinas y pistolas de juguete a todos sus sobrinos no es reforzar estereotipos que mantienen a la mujer en una situación de dependencia al hombre que termina por ser discriminatoria a largo plazo o la mayor disposición de los hombres a ser físicamente violentos. Quizás no está ahí el problema, quizás ni abona ni nada, quizás no es cierto que todo sea una construcción social de géneros. No lo sé con certeza, pero sí lo creo.

En cuanto al tema de la caballerosidad, quienes me conocen saben que no me importa nada, no lo exijo, ni lo espero, ni me interesa en mis relaciones con hombres (porque no los odio y a veces hasta me gustan algunos). Me parece que socialmente debe haber una cortesía con todo el mundo, una consideración de, por ejemplo, aguantar puertas si la abres y alguien viene justo detrás, entre otras minucias de buenos modales que debemos practicar todos y todas para una convivencia más placentera.

La mayoría de la gente que critica el feminismo no conoce el término dentro de su contexto teórico, menos las dinámicas internas de los movimientos feministas. Quienes conocemos un poco o un poco más, aseguramos que no hay un solo feminismo. Pero, sobre todo, aseveramos que el feminismo es la búsqueda de la eliminación de toda forma de discriminación hacia las mujeres. Sí, discriminación. No coincidimos en cuál es el mejor abordaje, ni en algunas especificidades de situaciones o casos sobre si llegan a ser discriminación o no, ni en cuál es la mejor estrategia para que la equidad sea la norma. Sin embargo, el norte sigue siendo el mismo.

Para alguna gente, el beso que me tiró un tipo que pasaba en motora mientras no me daba paso no es razón para incomodarme. Exagero, qué tiene de malo que me coqueteen, el problema no es el beso, es que soy demasiado feminista. Pues, puede ser. Pero, cualquiera que me conoce sabe que no soy anti-coqueteo, yo misma coqueteo, y mucho. Sobre la razonabilidad de mi incomodidad, mejor que le pregunten a mujeres “no feministas” si les “gustan” los “piropos” y besos lanzados por desconocidos. La respuesta más a favor de estos gestos y comentarios que he escuchado es “yo simplemente los ignoro.”

Siempre me he considerado una persona crítica, no me “caso” con nadie, ni con ideas generales ni con posturas particulares. Me gusta que pongan en duda mis opiniones y que me expongan nuevos puntos de vista, pero no acepto que me estereotipen a base de un prejuicio, de ser “demasiado feminista”.

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