Muertes, dolor y terror

Sabemos que la muerte es parte de la vida. Sabemos que la vida es la única oportunidad que conocemos de hacer y sentir, por lo que apostamos todos los días al despertar. Vivir es el ejercicio básico requerido para poder pensar en todo lo que llamamos importante: derechos, bienestar, amor, etc. Las muertes accidentales y las naturales nos dan tristeza, nos obligan a pensar sobre la brevedad y la fragilidad de nuestra existencia. Las muertes intencionales, las provocadas por alguien con un propósito definido, un objetivo específico (aunque no lo conozcamos aún) causan otro tipo de dolor. Lo que sigue a continuación son unas reflexiones sueltas sobre algunos eventos de muerte que me han llamado la atención en estos días.

En Puerto Rico, se ha estado discutiendo el tema de la pena capital por los casos criminales en el foro federal. Los últimos dos casos, aunque distintos en muchos aspectos, culminaron en un rechazo a la aplicación de este “castigo” a los hallados culpables de asesinato. Muchos comentarios he leído en Facebook y por otros medios sobre lo apropiado o no de  la pena capital, sus alegados beneficios o desventajas. Lo cierto es que pensar que el Estado tiene el poder de quitarle la vida a alguien de forma legal y legitimada (para algunas personas, por lo menos) me causa escalofríos. ¿Por qué puede el estado hace algo que sería ilegal si lo hiciera yo? ¿Por qué reacciona haciendo exactamente lo que pretende decir que está mal: quitar la vida a una persona? No soy experta en el tema, pero desde muy joven se me ha hecho difícil justificar actos así. También me parece inexplicable que, en el proceso, se observen personas con “sed de muerte” que expresan sin duda su deseo a que se le termine la vida a tal o más cual.

People Hold A Party In Trafalgar Square Following The Death Of Former British Prime Minister Margaret Thatcher

(foto de http://www.huffingtonpost.com/2013/04/13/anti-thatcher-party_n_3077787.html)

Mañana es el funeral estatal de Margaret Thatcher en Londres, supongo que personas llorarán, mientras otras celebrarán. Ya en el fin de semana Trafalgar Square se llenó de personas que festejaban su muerte gritando consignas como “Ding, dong, la bruja está muerta”. Sus políticas y su estilo levantaron pasiones durante su gobierno y continúan haciéndolo incluso después de su muerte. Pareciera que para algunas personas su muerte significaba algo grande, importante, trascendental, pero ¿qué cambios exactamente esperan en sus vidas tras la muerte de una persona? Es harto conocido que cuando una persona cesa de vivir, no mueren sus ideas, y eso ocurre en todo el espectro de las ideologías.

Hace varios días atrás, viendo la serie Newsroom, recordé aquel momento en que se anunció el asesinato de Osama Bin Laden. En el programa recreaban la emoción y la alegría que le causaba a la mayoría de las personas tan pronto se enteraban de la muerte de Bin Laden. A mí, sin embargo me recorrió una corriente de incomodidad. ¿No es un poco raro que la gente se alegre con la muerte de alguien, sin importar quién sea? Irónicamente, la única persona en la serie que mostró tener sentimientos encontrados sobre la situación era la única que fue afectada directamente por los eventos del 11 de septiembre. Me identifiqué con ella. No voy a negarlo, en algún momento en mi vida le deseé la muerte a alguien que me hizo mucho daño. No se la deseé como esperando que ocurriera algo que se la causara propiamente, no me imaginaba escenas en que alguien llegaba y le pegaba tres tiros, ni nada por el estilo. Simplemente pensaba que el día en que muriera yo me sentiría más libre, reivindicada o feliz. Pero ese sentimiento se pasó, no sé cuándo ni como, pero ya no pienso en esas cosas.

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(foto de http://www.guardian.co.uk/world)

En Boston, ayer murieron tres y quedaron cientos de personas heridas tras unas explosiones en el área de la línea de meta del maratón. Viví en Boston tres años maravillosos de mi vida, hice amistades que durarán lo que me quede de vida, la recuerdo como una ciudad acogedora y amigable. Me entristece conocer estos hechos, a pesar de conocer a las tres personas que murieron. Presumo que eran buenas personas, mi optimismo siempre me lleva por ese camino. Presumo que no merecían morir, mi aprecio por la vida siempre me trae este pensamiento automáticamente a la mente. Este tipo de muerte nos causan terror, los casos que mencioné anteriormente usualmente no tienen ese efecto. Por una lado esta esa otredad de creernos que a “lxs buenxs” no nos procesarían nunca por un delito que conlleve pena capital y esas otras personas que son “lxs malxs” se lo buscaron, se lo merecen.

Al otro lado del mundo, en Iraq, ayer murieron más de 30 personas en unos ataques con bombas. A algunas personas nos llama la atención, nos preocupa, cómo la guerra hace invisible las violencias particulares, cómo dejan de ser noticia de portada las muertes de decenas porque ocurren en tiempos bélicos. Pese a ello, yo sigo presumiendo que esa trentena no merecía morir. Pienso en sus vidas ya inexistentes, igual de valiosas que las del trío de Boston, que la mía y que la de aquellas personas condenadas a pena capital.

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(foto de http://www.telegraph.co.uk)

Cuando vivía en Boston, marché contra la guerra en Iraq. Parte del recorrido fue por áreas por donde pasa el maratón o muy cerca de la ruta. Me parecía una atrocidad irse a la guerra mientras se dejaba sin fondos a tantos programas de educación. Ese año, el centro de tutorías “Smile After-School”, donde trabajaba para mejorar las destrezas de lectura de niños y niñas inmigrantes, cerró por insuficiencia de fondos. Ayer, en ambos lugares, personas corrían en desesperación tratando de proteger sus vidas contra ataques por personas que, probablemente, no conocían.

Yo anoche no dormí bien, se me hizo difícil conciliar el sueño. Mientras, leía sobre teorías de derechos humanos, basadas en conceptos como “la libertad”. Hay que preguntarse libertad de qué, para qué, a cuesta de qué. Muchas de esas muertes celebradas, son sufridas por otras personas. Incluso, se trata de personas que en ciertos círculos puede que se les haya venerado como personas que hicieron lo que tenían que hacer para lograr lo que la situación necesitaba. Supieron hacer, sin miedos ni dudas exteriorizadas, lo que las circunstancias requerían que se hiciera. No sabemos mucho sobre el por qué del ataque de ayer en Boston. Sin embargo, yo no puedo dejar de pensar que quizás, sólo quizás, hay una conexión entre la forma en que a veces celebramos ciertas muertes y nos aterrorizamos con otras con el hecho de que el terror es una fuente de tanto poder… y hay muchas personas con ansias de poder.

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