Las buenas historias las hacen los personajes

Tengo que confesar, con un poco de vergüenza, que hace algún tiempo no leo por puro placer, sino que mis lecturas se han dirigido a ser instrumentos de desarrollo profesional. Ya va un año desde la última novela que leí, Arráncame la vida. Me la recomendó una amiga que me conoce bien y, al pasar unas pocas páginas, ya estaba enganchada en la trama, era amiga de la protagonista y hasta le aconsejaba. Aunque no leo con la frecuencia que quisiera, sigo necesitando ese mundo de ficción que me ayuda a evadir mi presente, mis preocupaciones y mis preguntas sin responder. Algunas personas amantes a la literatura estarán un poco ofendidas con que haya reemplazado en tiempos recientes la literatura por series de televisión, pero la realidad es que algunas series, las mejores en mi opinión, logran crear en mi esa misma disociación sin cansarme adicionalmente la vista. No tengo planes de que esta sustitución sea permanente, todavía disfruto de un buen libro y el ejercicio imaginativo de crear una misma las escenas, cada personaje y expresión de sentimiento, pero por lo pronto soy selectiva en las series que escojo según el efecto que busco en ese momento.

 

Recientemente conocí a Dexter gracias a un servicio en línea. A muchas amistades había escuchado hablar de él, pero no quise saber mucho más porque sabía que me gustaría. Desde niña he tenido una fascinación por las historias policiales y, sin embargo, no ha sido el tipo de literatura que he escogido en mi vida. Las historias policiales siempre me han parecido mejores en cine o televisión. Probablemente es una combinación de morbo con gusto por el suspenso. Esas historias de intrigan siempre fueron mis favoritas, tratar de encontrar las claves, identificar a la persona responsable, descubrir los motivos ocultos. Siempre me ha gustado la investigación, por eso mientras mi hermano quería siempre jugar monopolio yo prefería clue y otros tantos juegos de mesa que se trataban de aprender, descubrir, identificar información. Estas pasiones me siguen al día de hoy, pero las investigaciones que deseo hacer no aceleran el corazón como imaginaba cuando me pensaba detective.

 

Desde niña, cuando pasaba los canales de televisión y veía un programa o documental sobre investigaciones policiacas sin resolver, me embelesaba. Mis favoritas eran las de asesinos en serie. A veces sentía un poco de empatía por el asesino si había tenido una niñez desafortunada. Como diría Dexter, hay personas dañadas (“damaged”). En algunos casos tratan de tener vidas “normales” y nunca lo logran. Yo también me sentía así, tratando de ser normal… tal vez todo el mundo tiene un lado oscuro, pensé. Pero eso no es suficiente para entender ¿por qué lo hacen? ¿cómo logran algunos evadir al sistema para siempre? Creo que Jack the Rippeter (‘el Estripador’) nunca fue hallado. Se convirtió en leyenda y se inmortalizó. Siglos después sabemos quién fue y las teorías sobre él siguen en ascenso. Hay algo fascinante sobre los asesinos en serie y, sin querer sonar con tono de aprobación, algunas de sus historias casi logran justificar sus acciones. Yo no creo que nadie merece morir y, aún así, quiero que Dexter logre evadir el sistema. Claro, es un personaje de ficción muy bien creado (como el resto en la serie), con esa complejidad que nos hace creer que son reales, que hace que nos importen. Porque nos reflejamos en estos personajes. Nos reconocemos en personajes como estos, con nuestro lado bueno y el lado malo, con las medias verdades, con los secretos, con las buenas intenciones, con nuestras personalidades ridículamente consistentes o erráticas, con nuestros mecanismos de protección, con nuestros miedos, con el pretender normalidad, a pesar de nuestra peculiaridad.

 

Yo extraño leer literatura, estimular mi imaginación y disfrutar la lentitud de leer palabra por palabra. Pero, por el momento, me contento con las buenas historias que me ofrecen series como esta. 

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