londres: de holas y adios

Hoy comenzaba oficialmente mi aventura londinense. Era un día de emoción, de explorar y de descubrir. Sin embargo, estoy llena de tristeza, nostalgia, melancolía. Un buen amigo me dice que la nostalgia al viajar significa que se dejan cosas que se quieren.  Ya lo sabía, pero hoy me dio de golpe en la cara. Espero no llorar cuando Sabina y Serrat me canten Calle Melancolía el próximo jueves, pues espero haber tomado ya el tren en dirección a la alegría. No es que sea alérgica a las lágrimas (ya me basta con todo lo que circula por los aires), pero prefiero ofrecerle al mundo y sus gentes una sonrisa.

Mi papá voló de regreso a casa esta mañana, nos despedimos a las 7am. Me dio un beso, un abrazo y uno de sus consejos: “aprovecha el tiempo de estudio, recuerda que ya siempre habrá tiempo para la fiesta y es mucho el préstamo que estás cogiendo”. Me despedí como en las películas, siguiéndolo con la mirada y moviendo la mano por si miraba por la ventana. No me fui a dormir, aunque era lo que el cuerpo me pedía. Me tomé el capuchino que le pedí y que no le dio tiempo a tomar porque el shuttle llegó para llevárselo. Luego me fui a caminar por esta ciudad inmensa que será mi hogar por el próximo año. No era pasear, tenía un propósito concreto: comprar sábanas y toallas. Al final del día, llegué a mi hospedaje con las manos vacías y la cabeza llena. Me ha sido muy dramática esta despedida.

Hace más de una semana que digo hasta luego a mucha gente muy querida. De camino a Londres, recibí textos de varias amigas, palabras de ánimo, cariño y admiración. Me hicieron reflexionar sobre mi relación con estas mujeres maravillosas (y algunos hombres, pero son menos) que son mis amigas, mis hermanas y compañeras de vida.  Siempre bromeo con que soy selectiva con las personas que entran a mi reino, pero una vez entran se quedan para siempre. Lo tengo claro, no me gustan las despedidas, más que otra cosa porque sufro cuando la gente que quiero desaparece de mi presente, ni hablar de quienes desaparecen indefinidamente. Por eso no me gustan las peleas, menos eso de dejar de hablarse por cualquier tontería. Y entre mensajes y pensamientos me di cuenta de que esta territorialidad que tengo para con mis amistades me ha hecho creer que estarán ahí para siempre. Es un sentimiento que no he desarrollado nunca en una relación de pareja, ni con los amores que más me han calado por la ilusión de una unión prolongada, la pasión más intensa o el profundo entendimiento mutuo. Ningún hombre me ha dado esa vibra de eternidad en mi vida. Tampoco he buscado eso en mis parejas.

Sin embargo, como dicen por ahí, la familia es otra cosa. Ese hombre, en quien tampoco hubiera confiado ciega y eternamente como pareja, ha dicho presente en todos los momentos claves de mi vida sin siquiera pedírselo.  Siempre tiene alguna ocurrencia, anécdota o consejo. No siempre son los más políticamente correctos, pero son su forma de demostrarme que se preocupa y que me quiere. Tiene edad suficiente para ser mi abuelo (de hecho, papi ya es bisabuelo), pero es prueba de que la edad es sólo un número. Sigue manteniendo una mezcla única de tipo estricto, misterioso, paternal, charlatán y jovial.

Siete días en Londres me han bastado para saber que me espera un año de situaciones inesperadas, de sentimientos encontrados y de mucha intensidad mental. Papi vino conmigo a Londres con una meta, brindarme apoyo durante mi búsqueda de vivienda. Misión cumplida, como suele hacer, no me dijo qué hacer ni nada por el estilo, simplemente estaba ahí para cuando quisiera preguntar su opinión y para no sentirme sola. Extrañaba a mi papá y ahora que sentía que lo recuperaba en mi presente, que nos volvíamos a conocer, nos separamos otra vez.

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Una respuesta a “londres: de holas y adios

  1. Como todas las hitorias contadas desde el alma…lloré! Claro, una vez me reconponga y pueda escribirte desde el alma, sin todos los sentimienos a flor de piel…volveré a escribirte. Te quiero querida amiga!

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