El 8 del 8 de marzo

  • Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
  • ¡Qué poco es un día, hermanas, qué poco,
  • para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
  • De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
  • -toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
  • deberían pavimentar de flores para celebrarnos…

-Gioconda Belli

.8.8.8.8.8.8.8.8.

Por alguna razón que todavía no logro entender bien, el 8 de marzo, día internacional de la mujer, desata año tras año una ola de resistencias y críticas. He observado a personas cercanas y otras más lejanas hacerse un “8” en cuanto al tema. Existe una confusión generalizada sobre qué se supone que se haga o se diga a las mujeres en este día: ¿acaso envío flores o mejor simplemente un buen deseo?

No faltan los comentarios que cuestionan la “necesidad” de un día dedicado a las mujeres cuando no hay otro para los hombres o que ridiculizan a quienes protestan, marchan o se manifiestan días como ese. Incluso, hay quien me ha dicho en tono burlón: “ahora se habla de una semana de la mujer, ya veo que hay progreso”. También sobran los piropos y las felicitaciones porque “ser mujer es ser elegida para traer vida al mundo”.

El 8 de marzo no se trata de reconocer las bondades de ser madres (o madres potenciales), princesas de cuentos rosas o mujeres que brindan consuelo, apoyo o consejo a las personas que le rodean. Tampoco debe ser un día para exaltar la belleza femenina. Quiero pensar que estas prácticas son producto de la ignorancia sobre la historia del 8 de marzo y no un menosprecio a lo que se conmemora, su propósito y significado. Repasemos esos eventos del pasado que marcaron el presente.

El 8 de marzo de 1857 hubo una huelga de mujeres que trabajaban en la industria textil en el estado de Nueva York. Protestaban para mejorar sus salarios y condiciones de trabajo, pero fueron reprimidas a macanazos por la policía. En 1908, miles de mujeres marcharon en la ciudad de Nueva York, exigiendo jornadas más cortas de trabajo, mejor paga y el derecho al voto. A partir del año siguiente, las socialistas estadounidenses comenzaron a celebrar Woman´s Day el último domingo de febrero.

En 1910, durante la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhaguen, Clara Zetkin, líder del movimiento alemán de mujeres socialistas, propuso que se hiciera una celebración a nivel internacional para la reivindicación de sus derechos políticos y laborales. Así se hizo en varios países europeos en marzo de 1911. El 25 de ese mes, más de 100 mujeres y niñas que trabajaban en una fábrica en Nueva York murieron calcinadas a causa de un fuego en la fábrica. La desgracia ocurrió, en parte, por la falta de medidas adecuadas para situaciones de emergencia.

El 8 de marzo de 1917 (calendario gregoriano), una protesta de mujeres en Rusia que exigía “pan y paz” originó una revuelta que culminó con la salida del zar y la entrada al poder de un gobierno provisional que reconoció el derecho al voto de las mujeres.

En 1975, las Naciones Unidas declaró el año corriente como el Año Internacional de la Mujer con el objetivo de crear conciencia sobre la situación de las mujeres en el mundo. Dos años después, en 1977, se declaró el 8 de marzo el día internacional de la mujer. Desde entonces, se han hecho múltiples conferencias internacionales con representantes de los estados miembros para discutir situaciones de discriminación hacia las mujeres. Usualmente las Naciones Unidas escogen un tema para diseminar información sobre la situación de las mujeres en esa área. Por ejemplo, en el 2012 se dedicó al empoderamiento de las mujeres en áreas rurales, con el fin de combatir la pobreza y el hambre. Lo que resulta evidente es que en el mundo del siglo XXI las mujeres seguimos discriminadas en múltiples facetas de nuestras vida.

Quienes denominan a personas como yo de feminazi, feminista radical u odia-hombres deben tener tan inflada su burbuja de comodidad que les parece que señalar las injusticias o instancias de discriminación es una actitud extremista.

Lo cierto es que no vivimos en equidad. Aunque la mayoría de las mujeres trabajen fuera del hogar, siguen siendo las principales cuidadoras y quienes asumen la tarea reproductora, incluso sin así desearlo, negándose a sí el derecho a decidir sobre sus cuerpos y, en muchos casos, juzgando a quienes sí lo hacen. Aunque somos más las mujeres con grados académicos y profesionales, somos las únicas que enfrentan un techo de cristal. Aunque las mujeres han asumido muchos roles asignados históricamente a los hombres, estos no han hecho su contraparte, lo que ha implicado una sobrecarga para muchas mujeres. Aunque hay mujeres que incluso son maltratantes, es abismal la diferencia entre el número de víctimas féminas y varones que mueren a manos de sus parejas o exparejas. Aunque las mujeres también participan en el mundo laboral, aún persisten los comentarios sexistas, las dudas sobre la capacidad productiva de las mujeres en época reproductora y las trabas para acceder a puestos poder.

El 8 de marzo no es un día de flores, deferencias o felicitaciones. Es un día de solidaridad con todas las mujeres de nuestro país y del mundo que viven la discriminación en alguna de sus múltiples manifestaciones. Es un día para conmemorar las luchas libradas, defender los derechos ya reconocidos y traer al debate público las preocupaciones que nos afectan en relación a nuestros derechos humanos.

Disculpen si en un principio les induje a error, pues sí entiendo la resistencia que persiste, simplemente no la acepto. Me niego a perpetuar un status quo que no me reconoce como persona igualmente valiosa que los hombres. Deseo que las mujeres seamos autónomas verdaderamente y lucho para lograr esta meta para todas, no solamente para unas pocas. No niego que algunas han sobrevivido mejor que otras al creerse iguales a los hombres en nuestra sociedad, pero quizás sufren en silencio las expresiones más sutiles de la violencia sexista, administran solas el hogar compartido o llevan por la inercia de la tradición la carga reproductora.

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2 Respuestas a “El 8 del 8 de marzo

  1. muy buena entrada.
    interesantísimo cómo el discurso “en contra del 8” es el mismo que ha persistido por las pasadas décadas.
    cuando en un país la incidencia de violencia doméstica se encuentra por las nubes o cuando legisladores y legisladoras desconocen su labor respecto al “mantenimiento” constitucional de las protecciones estatutarias a las mujeres, se materializa (CLARAMENTE) la necesidad del “8” en la sociedad.

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