estudios y graduación post-huelga

Ayer cuando iba de camino de la universidad a mi apartamento, me topé con la reunión de la Coordinadora en sociales y más adelante en la avenida Universidad me encontré otros compas de la huelga. ¡Que nostalgia me invadió! Me volvió ese sentimiento de familia y pertenencia… recordé los buenos momentos y los más tensos, reafirmé por qué no en vano decimos que la UPR es del pueblo. Quizás es la resistencia a graduarme o el hecho que me mudé recientemente a Río Piedras, pero me sostengo en que la IUPI es mi casa ahora como estudiante y seguirá siéndolo cuando sea egresada.

Las y los estudiantes que vivimos de forma continua o intermitente durante dos meses -ocupamos como poseedores civiles (repaso de reales) afirmando nuestro legítimo derecho a estar allí- hemos sufrido en el último mes algún grado de trauma. La comunidad estudiantil participante en la huelga tenía un propósito concreto en torno a las exigencias que se reclaman a la administración y, sin embargo, ideamos una cierta visión de mundo, definimos una base común que -a pesar de posibles diferencias de estilo, métodos o ideales abstractos- deseamos para Puerto Rico.

Al abrir los portones hicimos lo que nos propusimos desde un inicio: celebramos las victorias, reconocimos las limitaciones de lo logrado y nos comprometimos a no abandonar nuestro fin último, mantener la UPR como una universidad pública, accesible y de calidad. Al revertir el control de la universidad a la administración regresamos a la “normalidad” pre-huelga, realidad que muchas personas nos cuestionamos si es la normalidad que quisiéramos o no. Volvimos a las aulas de clase, a las conversaciones fútiles de los pasillos, a la superficialidad de concentrarnos solamente en terminar el semestre junto a todas esas personas que nos reprochan la huelga porque no les interesa el por qué de la huelga. Es como cuando mi mamá me obligaba a compartir mis juguetes con mi hermano, aunque me diera un berrinche porque sabía que lo iba a romper, dañar o destruir. Lamentablemente así nos pasa con la UPR y con Puerto Rico, tenemos que compartirlo incluso con quienes no se preocupan por su futuro, su mantenimiento o su perdurabilidad para que otras personas puedan disfrutar igual.

En días como estos si miramos al horizonte, la puesta del sol o los libros de los exámenes nos da por reflexionar sobre los pasados meses, sobre su significado individual y colectivo, pero sobre todo sobre las implicaciones para Puerto Rico. Entonces, no he podido dejar de pensar que en unos meses seré otra abogada más -espero que licenciada- con número de colegiada, objeto de chistes sobre nuestra profesión y víctima de las generalizaciones, en muchos casos bien merecidas por quienes han venido antes de mí.  Mientras tanto, me propongo continuar luchando por los derechos humanos, civiles y constitucionales, como hemos hecho desde el CAED -Comité de Acción de la Escuela de Derecho-, la OPDeM -Organización Pro-Derechos de las Mujeres- y el programa Pro-Bono. Invito a mis colegas y compas-huelguitas a aprovechar este tiempo entre el fin de este semestre y el inicio del próximo para analizar cómo desde nuestras respectivas carreras podemos aportar tanto a la lucha estudiantil como a lograr un mejor Puerto Rico.

Lo he dicho anteriormente y me reitero: Puerto Rico necesita mayor compromiso con la justicia social. Toda persona puede aportar a este propósito, desarrollemos la consciencia desde ahora. Si la administración universitaria nos limita la oferta académica a áreas de supuesta necesidad en el mercado -por ejemplo, en Derecho brillan por su ausencia los cursos sobre derechos civiles, justicia social o con perspectiva de género- tendremos que responder con organizaciones estudiantiles que hagan las exigencias pertinentes y que en el ínterin suplan las necesidades del estudiantado a través de actividades extracurriculares. Es imprescindible graduar de la universidad ingenierxs, arquitectxs y planificadorxs que toman en consideración el ambiente y las comunidades; historiadores, psicólogxs y economistas con perspectivas de inclusividad, por mencionar sólo algunos ejemplos. En fin, no intercambiemos el diploma por la consciencia social.

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