La violencia de género no-doméstica en la pareja

Apareciste una noche fria
con olor a tabaco sucio y a ginebra
el miedo ya me recorría
mientras cruzaba los deditos tras la puerta
Tu carita de niño guapo
se l’ha ido comiendo el tiempo por tus venas
y tu inseguridad machista
se refleja cada día en mis lagrimitas

Una vez más, no por favor que estoy cansá
y no puedo con el corazón
Una vez más, no mi amor por favor,
no grites que los niños duermen

[]

Ayer murió una mujer, pero definitivamente no la última, víctima de violencia por género.   Al frente de su hija de ocho años, Mabel Merced López fue asesinada a apuñaladas por un pretendiente a quien no correspondía.  Nos parece un crimen repulsivo, atroz y salvaje.  Pero anoche se fueron a dormir otras muchas mujeres entre moretones, insultos y lágrimas.  El periódico nos da los buenos días con estas malas noticias.  Testimonios de mujeres como Miriam Maldonado nos suenan ya demasiado familiares, si no lo hemos vivido, los hemos escuchado o hemos observado sus señales y banderas rojas.

Hoy el Nuevo Día nos recuerda que el maltrato de la mujer nos afecta a todos y todas por igual.  Quien no lo experimenta en carne o alma, lo sufre junto a hermanas, amigas o compañeras.

El término violencia doméstica no se ajusta a la realidad de la violencia de género en la pareja (incluyendo al que quiera ser mi pareja, aunque una no quiera).  La niña de ocho años que presenció el asesinato de su madre es también víctima de la llamada “violencia doméstica”.  A ella no le acuchillaron el tórax, el apuñalaron su corazón y espíritu.  Tan es así que a partir de ayer esa niña sufrirá las consecuencias de este acto por el resto de su vida.

Sus maestras y maestros tendrán la difícil tarea de tratar de “normalizarla”.  Después de todo, todas las mujeres que hemos sido víctimas de violencia de alguna forma u otra queremos ser normales y olvidar.  Pero, ¿qué es ser normal?  ¿Acaso no es normal la violencia de género que vivimos día a día las mujeres?  Pensemos mejor en ser rebeldes, en no olvidar, en reivindicarnos y en rechazar esa normalidad.

Cuando llegue a la pubertad, los pretendientes observarán sus miedos y quizás hasta la señalen e identifiquen.  Algunos que conozcan su historia no se atreverán a acercársele, pensando que los complejos e inseguridades que surjan de esa mala experiencia la harán una chica difícil con quien lidiar.

Es posible que una vez tenga relaciones amorosas (o desamorosas), se halle en el ciclo de una relación maltratante, quizás física, quizás emocional, quizás no.  Esperemos que no.  Esperemos que nunca tenga que cantar “malo” de Bebe con significado personal.

En Puerto Rico hemos tomamos los primeros pasos para reconocer la extensión de la supuesta violencia “doméstica”.  Así lo hizo el gobierno, al aprobar una ley que reconoce que la violencia en pareja afecta a la víctima en su lugar del trabajo.  Lo he dicho antes y lo repito hoy, hace falta más, mucho más.  Hay que reconocer que se trata de violencia de género y que no es un problema doméstico, no se queda en el hogar.

Mujeres, tenemos que apoderarnos, adueñarnos de nuestra vida y nuestro futuro.  Olvidemos que hay personas, incluso mujeres, que siguiendo la tradición socio-cultural nos dicen que sus celos son normales, que un insulto es producto del calor del momento, que un jamaqueo no es gran cosa.  En fin, que aguantemos la violencia de género.  Hoy pido que la prensa no perdone con su selección de palabras, que el gobierno no ignore con la impunidad, que la publicidad no perpetúe recreando roles de género en sus anuncios…. porque si lo hacen, ¡son todos cómplices de la violencia hacia la mujer!

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