La homofobia es odio

Ante el asesinato homofóbico del joven de 19 años, Jorge Steven López Mercado, he podido observar indignación generalizada en Puerto Rico.  La prensa nos ha brindado información base del crimen.  Nos siguen proveyendo información, según va surgiendo de la investigación y del procesamiento del acusado, quien ya confesó haberle dado muerte al joven.

La conmoción que ha causado este brutal asesinato habla bien de nuestra sociedad, de nuestra fibra humana como pueblo, de nuestra capacidad para sentirnos solidarios ante la fragilidad que tenemos como seres humanos ante la muerte.  Me siento orgullosa de ser puertorriqueña cuando un crimen de odio no pasa por desapercibido.  Quizás muchas personas dirán (y dicen): “no importa si es homosexual o no, no importa de quién se trata, esto se trata de un cruel asesinato.”  Es cierto, cualquier asesinato merece la atención de la prensa y la indignación de la ciudadanía, pero no podemos olvidar que la motivación o intención de una persona que comete un crimen cobra importancia al momento de procesar y juzgar el acto.  En cuanto a esto quisiera mirar más en detalle el lenguaje que se utiliza en torno a este caso.

Leyendo los periódicos que reportaban la noticia, pude notar que la información base era la misma: Juan Antonio Martínez Matos tiene 26 años y hace una semana estaba en el casco urbano de Caguas “buscando mujeres”, por alguna razón u otra, se fue acompañado de Jorge Steven López Mercado.  Este encuentro sexual culminó con el asesinato de Jorge Steven.  Su cuerpo fue encontrado el pasado viernes descuartizado y parcialmente calcinado.  Hay hechos adicionales, Jorge Steven llevaba un vestido y el acusado alega que la víctima lo atacó con un cuchillo durante una discusión sobre el sexo de la víctima.  Ésta es la base de los hechos, pero yo quiero llamar la atención a la selección de palabras de los periodistas que reportaron lo ocurrido.  Dos noticias que dan prácticamente la misma información, se diferencian en un verbo que me parece crucial:

“Luego de que fueran rechazados sus acercamientos a varias féminas, Martínez Matos permitió a López Mercado –que vestía un traje azul y botas – abordar su vehículo.”

“…luego de hacerle acercamientos a varias prostitutas se le acercó el joven, de 19 años, vestido de mujer y lo invitó a que se subiera a su auto pensando que se trataba de una fémina.”

Existe una gran diferencia entre “invitar” y “permitir” que se suba al carro.  Mi madre siempre decía “quien busca, encuentra.”  A base de los hechos, que el propio acusado narró, él fue en búsqueda de servicios sexuales.  Entonces me pregunto qué motivó a la periodista a escoger el verbo “permitir”, el cual insinúa inacción por parte del acusado.  A través del periodismo, una persona tiene un gran poder sobre la opinión pública y las palabras son la herramienta de ese poder.  Exhorto a quienes tienen este poder a tener cuidado con el mensaje que puedan llevar con sus palabras.

Otro aspecto que me llama mucho la atención es el debate que ha surgido sobre si este asesinato se debe considerar como “crimen de odio”.  Bien sabido es que en Puerto Rico existe un agravante reconocido en el Código Penal (2004) cuando un crimen es motivado por prejuicio por razón de alguna de las clasificaciones protegidas por el Código, entre ellos orientación sexual e identidad de género.  Un crimen de odio significa que una persona comete ese crimen porque siente antipatía y aversión hacia alguien cuyo mal se desea (definición de odio en rae.es).  Evidentemente, nadie mata a alguien deseándole bien, por lo que esta definición es insuficiente.  La homofobia es una aversión obsesiva hacia las personas homosexuales (rae.es).  Hagamos hincapié en esa palabra: obsesiva.

Este repudio visceral que reconoce el propio acusado al decir “odio a los homosexuales porque fui violado” es el factor motivador del crimen.  De esto precisamente es que se trata el crimen de odio, el acto es motivado por un sentimiento profundamente negativo sobre la característica particular que identifica y repudia a esa persona.  En este caso particular, un hombre admite odiar a los homosexuales y mata a un joven homosexual luego de enterarse que lo es.  Es lamentable tener que aceptar que “la homofobia mata”, cuando una quiere pensar que (como decía la promoción de la Jornada Contra la LGTB-fobia auspiciada por Puerto Rico para Tod@s) “las fobias se curan”.

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