La violencia de género no-doméstica en la pareja

•24 Noviembre 2009 • Comentarios desactivados

Apareciste una noche fria
con olor a tabaco sucio y a ginebra
el miedo ya me recorría
mientras cruzaba los deditos tras la puerta
Tu carita de niño guapo
se l’ha ido comiendo el tiempo por tus venas
y tu inseguridad machista
se refleja cada día en mis lagrimitas

Una vez más, no por favor que estoy cansá
y no puedo con el corazón
Una vez más, no mi amor por favor,
no grites que los niños duermen

[...]

Ayer murió una mujer, pero definitivamente no la última, víctima de violencia por género.   Al frente de su hija de ocho años, Mabel Merced López fue asesinada a apuñaladas por un pretendiente a quien no correspondía.  Nos parece un crimen repulsivo, atroz y salvaje.  Pero anoche se fueron a dormir otras muchas mujeres entre moretones, insultos y lágrimas.  El periódico nos da los buenos días con estas malas noticias.  Testimonios de mujeres como Miriam Maldonado nos suenan ya demasiado familiares, si no lo hemos vivido, los hemos escuchado o hemos observado sus señales y banderas rojas.

Hoy el Nuevo Día nos recuerda que el maltrato de la mujer nos afecta a todos y todas por igual.  Quien no lo experimenta en carne o alma, lo sufre junto a hermanas, amigas o compañeras.

El término violencia doméstica no se ajusta a la realidad de la violencia de género en la pareja (incluyendo al que quiera ser mi pareja, aunque una no quiera).  La niña de ocho años que presenció el asesinato de su madre es también víctima de la llamada “violencia doméstica”.  A ella no le acuchillaron el tórax, el apuñalaron su corazón y espíritu.  Tan es así que a partir de ayer esa niña sufrirá las consecuencias de este acto por el resto de su vida.

Sus maestras y maestros tendrán la difícil tarea de tratar de “normalizarla”.  Después de todo, todas las mujeres que hemos sido víctimas de violencia de alguna forma u otra queremos ser normales y olvidar.  Pero, ¿qué es ser normal?  ¿Acaso no es normal la violencia de género que vivimos día a día las mujeres?  Pensemos mejor en ser rebeldes, en no olvidar, en reivindicarnos y en rechazar esa normalidad.

Cuando llegue a la pubertad, los pretendientes observarán sus miedos y quizás hasta la señalen e identifiquen.  Algunos que conozcan su historia no se atreverán a acercársele, pensando que los complejos e inseguridades que surjan de esa mala experiencia la harán una chica difícil con quien lidiar.

Es posible que una vez tenga relaciones amorosas (o desamorosas), se halle en el ciclo de una relación maltratante, quizás física, quizás emocional, quizás no.  Esperemos que no.  Esperemos que nunca tenga que cantar “malo” de Bebe con significado personal.

En Puerto Rico hemos tomamos los primeros pasos para reconocer la extensión de la supuesta violencia “doméstica”.  Así lo hizo el gobierno, al aprobar una ley que reconoce que la violencia en pareja afecta a la víctima en su lugar del trabajo.  Lo he dicho antes y lo repito hoy, hace falta más, mucho más.  Hay que reconocer que se trata de violencia de género y que no es un problema doméstico, no se queda en el hogar.

Mujeres, tenemos que apoderarnos, adueñarnos de nuestra vida y nuestro futuro.  Olvidemos que hay personas, incluso mujeres, que siguiendo la tradición socio-cultural nos dicen que sus celos son normales, que un insulto es producto del calor del momento, que un jamaqueo no es gran cosa.  En fin, que aguantemos la violencia de género.  Hoy pido que la prensa no perdone con su selección de palabras, que el gobierno no ignore con la impunidad, que la publicidad no perpetúe recreando roles de género en sus anuncios…. porque si lo hacen, ¡son todos cómplices de la violencia hacia la mujer!

La violencia de la violación

•23 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

El tema de la violencia hacia las mujeres nos toca a todas por igual.  Somos todas víctimas de la violencia, a veces evidente a veces sutil, del sistema en el que vivimos, de la matriz.  Este término se lo debo a la profesora Macarena Sáez, con quien he estado tomando un curso sobre teoría feminista.  La matriz es ese orden jurídico-social que ha creado el status quo, del cual se desprende una jerarquía, unos roles y unas expectativas.  Como parte de esa estructura, hay personas que disfrutan unas ventajas, y como tal las defienden, y hay personas que sufren trato desigual, y como tal lo repudian.  Todas las mujeres, por el mero hecho de nacer siendo mujeres estamos sujetas a la distinción que hace el sistema a base de nuestro sexo, queramos aceptarlo o no.  En estos juegos de poder, la violencia juega un rol importante.  La violencia es el mecanismo que se usa para mantener el status quo.  Toda forma de violencia es inaceptable,  pero quiero dedicar este espacio a una manifestación de violencia que me parece particularmente perversa por las implicaciones que tiene en nosotras mujeres día a día: la violación.   Cuando violan a una mujer, nos violan a todas.

A veces la violencia hacia una mujer es usada por un hombre particular al observar que esa mujer desafía los roles establecidos en la matriz.  En otras ocasiones la violencia ejercida por un hombre hacia una mujer es simplemente la muestra de que la violencia se utiliza como mecanismo de poder, para mantener a las mujeres subordinadas.  Quiero dar varios ejemplos, en particular porque conozco mujeres muy cercanas a mí que han sido víctimas de esta forma particular de violencia.  Muchas personas no se dan cuenta del significado de un acto como ese, del número de víctimas que sufren en silencio y, sobre todo, porque este acto perverso lo cometen mayormente personas allegadas a la víctima.   En Puerto Rico, son miles los casos de violación que se reportan anualmente, de los cuales más de un 70% son perpetrados por un hombre que conocía a su víctima.  Por cada violación reportada, muchas más se mantienen en el silencio del miedo, la vergüenza o el deseo por olvidar.

El ejemplo clásico de la violencia contra la mujer que desafía su rol social asignado es la mujer que sufre de violencia en el “hogar” porque no es la esposita sumisa que su pareja esperaba que fuera.  En ocasiones ocurre cuando la mujer no tolera el trato desigual, cuando reclama respeto a su persona, cuando exige fidelidad, cuando decide que su dignidad vale más que la vida que su pareja le ofrece, cuando protege a sus hijos e hijas del maltrato, cuando hace saber su derecho sobre su sexualidad (a disfrutarla sólo cuando así lo desea y a negar el sexo cuando no le apetece), entre otras tantas instancias en que mujeres se enfrentan a esa asignación del rol femenino en la familia.  Porque la sociedad espera que, en la familia, la mujer sea madre y esposa, pero nunca mujer.  Así es como la violencia en la pareja, aunque no es aceptada, es tolerada.  Muchas veces hablamos de las bofetadas, los puños, los empujones y hasta de las palabras degradantes, pero muy pocas veces hablamos de la violación en la pareja.

No olvidemos que todavía hay hombres que opinan “¿cómo es posible violar a mi esposa? Darme sexo es parte de su deber de esposa.” Para algunas y algunos palabras como estas causan una reacción visceral: ¿acaso se deja de ser persona por estar casada?  Otras tantas personas piensan “yo nunca me vería en una situación así…” por un lado los hombres dirían “yo nunca forzaría a mi pareja” y, por el otro, las mujeres dirían “yo no permitiría algo así, no lo aguantaría y ahí mismo terminaría la relación”.  Pero sabemos que no todos los casos de violación son tan fáciles de identificar o, por lo menos, no los analizamos con tanta severidad.  Creo que todas hemos escuchado o dicho expresiones como “yo se la presto un ratito”, “me desperté a mitad de la noche y él estaba sobre mí, entonces qué remedio”, “es que seguía insistiendo tanto y pues…” Recordemos que la violación es el acto sexual sin consentimiento o cuando el consentimiento no se da libremente, sin importar la relación sentimental que exista entre el agresor y la víctima.

La violación como mecanismo de poder por la mera razón de sentirse con el derecho a esa transgresión la veo sobre todo en el caso de la violación a niñas o jóvenes por parte de un familiar.  Esa palabra es un tanto peligrosa, porque después de todo ¿podemos llamar familia a un padre, padrastro, abuelo, tío, hermano o primo que marca tan negativamente la vida de una mujer?  Una violación de este tipo puede que sea la forma más ultrajante de violación, nos despoja de la seguridad que se supone que sintamos en el hogar.  Seguridad… ¿no es eso lo que diferencia a la familia de las otras personas con quienes nos relacionamos? ¿No se supone que nuestros familiares nos aman y cuidan por el mero hecho de tener lazos consanguíneos? ¿No tienen ellos la responsabilidad de protegernos de los potenciales peligros y daños que se puedan sufrir allá afuera en la sociedad?

Entonces, ¿cómo se atreven a traer esa violencia dentro de las puertas del hogar?  ¿Con qué autoridad nos tratan como objetos sexuales para placer personal? Nos dicen con sus actos lo que no nos dirían con las palabras: al nacer mujer, naciste del lado de la cruz de la moneda; tu cruz es tu sexo.  La vulnerabilidad de una menor ante esta situación no se limita al acto sexual, se extiende al miedo a denunciar.  Aunque toda víctima de violación siente este miedo, la menor que confiaba en este adulto se pregunta: ¿Me creerán? ¿Cómo se sentirán mis familiares? ¿Qué pasará con esta persona a quien las personas más cercanas a mí quieren tanto? ¿Destruiré con mis palabras a mi familia?

Finalmente quiero mencionar los casos que más tememos las jóvenes cuando estamos en nuestra adolescencia: la violación que surge bajo la influencia de alcohol o drogas.  Recuerdo que antes de entrar a la universidad, mis amigas y yo decíamos “eso no me va a pasar a mí, eso le pasa a las que no prevén y no se cuidan.”  Distingo estos casos de la violación por parte de la pareja porque lamentablemente en aquellos casos muchas veces las mujeres se resignan a verlo como un “sacrificio” o algo normal y natural en la relación.  Aquí aquellos casos en los que nuestra capacidad de consentir se impide por el factor externo del algo o fármaco.  Cuando estudiaba en el bachillerato, vivía con amistades.  Al igual que tantas otras jóvenes, me creía libre y en control de mis actos.  Pero en más de una ocasión sentí la fragilidad de ser mujer en un mundo de predadores.  Estos conocidos que se atreven a usar estos mecanismos para violar a una mujer, transgreden la confianza que les hemos dado.  Por unos minutos de placer, marcan toda una vida.

Como mujer activamente feminista, reacciono casi intuitivamente a comentarios machistas.  Entiendo que estas palabras avalan la matriz como la conocemos y, peor aún, la perpetúan. Y es que nos mantienen ante los ojos de quien las prenuncian en una posición desventajada, opresiva y represiva.  La respuesta más común que escucho al retar esas concepciones es “¿por qué te tienes que poner tan a la defensiva?” Es cierto, las feministas de hoy estamos a la defensiva.  Necesitamos estar a la defensiva, para poder defender nuestro derecho a que ninguna mujer, o niña, viva con el miedo constante de ser violada.

La homofobia es odio

•20 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

Ante el asesinato homofóbico del joven de 19 años, Jorge Steven López Mercado, he podido observar indignación generalizada en Puerto Rico.  La prensa nos ha brindado información base del crimen.  Nos siguen proveyendo información, según va surgiendo de la investigación y del procesamiento del acusado, quien ya confesó haberle dado muerte al joven.

La conmoción que ha causado este brutal asesinato habla bien de nuestra sociedad, de nuestra fibra humana como pueblo, de nuestra capacidad para sentirnos solidarios ante la fragilidad que tenemos como seres humanos ante la muerte.  Me siento orgullosa de ser puertorriqueña cuando un crimen de odio no pasa por desapercibido.  Quizás muchas personas dirán (y dicen): “no importa si es homosexual o no, no importa de quién se trata, esto se trata de un cruel asesinato.”  Es cierto, cualquier asesinato merece la atención de la prensa y la indignación de la ciudadanía, pero no podemos olvidar que la motivación o intención de una persona que comete un crimen cobra importancia al momento de procesar y juzgar el acto.  En cuanto a esto quisiera mirar más en detalle el lenguaje que se utiliza en torno a este caso.

Leyendo los periódicos que reportaban la noticia, pude notar que la información base era la misma: Juan Antonio Martínez Matos tiene 26 años y hace una semana estaba en el casco urbano de Caguas “buscando mujeres”, por alguna razón u otra, se fue acompañado de Jorge Steven López Mercado.  Este encuentro sexual culminó con el asesinato de Jorge Steven.  Su cuerpo fue encontrado el pasado viernes descuartizado y parcialmente calcinado.  Hay hechos adicionales, Jorge Steven llevaba un vestido y el acusado alega que la víctima lo atacó con un cuchillo durante una discusión sobre el sexo de la víctima.  Ésta es la base de los hechos, pero yo quiero llamar la atención a la selección de palabras de los periodistas que reportaron lo ocurrido.  Dos noticias que dan prácticamente la misma información, se diferencian en un verbo que me parece crucial:

“Luego de que fueran rechazados sus acercamientos a varias féminas, Martínez Matos permitió a López Mercado –que vestía un traje azul y botas – abordar su vehículo.”

“…luego de hacerle acercamientos a varias prostitutas se le acercó el joven, de 19 años, vestido de mujer y lo invitó a que se subiera a su auto pensando que se trataba de una fémina.”

Existe una gran diferencia entre “invitar” y “permitir” que se suba al carro.  Mi madre siempre decía “quien busca, encuentra.”  A base de los hechos, que el propio acusado narró, él fue en búsqueda de servicios sexuales.  Entonces me pregunto qué motivó a la periodista a escoger el verbo “permitir”, el cual insinúa inacción por parte del acusado.  A través del periodismo, una persona tiene un gran poder sobre la opinión pública y las palabras son la herramienta de ese poder.  Exhorto a quienes tienen este poder a tener cuidado con el mensaje que puedan llevar con sus palabras.

Otro aspecto que me llama mucho la atención es el debate que ha surgido sobre si este asesinato se debe considerar como “crimen de odio”.  Bien sabido es que en Puerto Rico existe un agravante reconocido en el Código Penal (2004) cuando un crimen es motivado por prejuicio por razón de alguna de las clasificaciones protegidas por el Código, entre ellos orientación sexual e identidad de género.  Un crimen de odio significa que una persona comete ese crimen porque siente antipatía y aversión hacia alguien cuyo mal se desea (definición de odio en rae.es).  Evidentemente, nadie mata a alguien deseándole bien, por lo que esta definición es insuficiente.  La homofobia es una aversión obsesiva hacia las personas homosexuales (rae.es).  Hagamos hincapié en esa palabra: obsesiva.

Este repudio visceral que reconoce el propio acusado al decir “odio a los homosexuales porque fui violado” es el factor motivador del crimen.  De esto precisamente es que se trata el crimen de odio, el acto es motivado por un sentimiento profundamente negativo sobre la característica particular que identifica y repudia a esa persona.  En este caso particular, un hombre admite odiar a los homosexuales y mata a un joven homosexual luego de enterarse que lo es.  Es lamentable tener que aceptar que “la homofobia mata”, cuando una quiere pensar que (como decía la promoción de la Jornada Contra la LGTB-fobia auspiciada por Puerto Rico para Tod@s) “las fobias se curan”.

Cine Queer en Puerto Rico

•10 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

Aprovecho este foro para anunciarles que el Pro-bono PLIEGOS (UPR-Derecho), Comité contra la homofobia y el discrimen, Puerto Rico para tod@s y GConcierge Magazine (GC Mag) invitan a la exhibición y el conversatorio del documental:

“For The Bible Tells Me So”

A llevarse a cabo:
El próximo viernes 13 de noviembre de 2009
de 6:30 pm a 9:30pm
en la Escuela de Derecho de la UPR, salon L-3.

Descripción:
¿Puede el amor entre dos personas considerarse abominable? ¿Tan amplia es la brecha entre el Cristianismo y la homosexualidad que no se puede cruzar? ¿Cómo se usa la Biblia para justificar el odio?

GConciergeMagazine.com presenta, como parte del Primer Festival de Cine Queer de Pueto Rico, el documental “For the Bible Tells Me So” del director Daniel Karslake.

El documental explora, desde la perspectiva de familas religiosamente activas, la problemática del rechazo de la homosexualidad por parte de las instituciones religiosas.

Luego de la presentación del documental se estará llevando a cabo un conversatorio con un panel compuesto por religiosos, sicólogos, patronos “gay friendly” y trabajadores sociales.

La entrada es GRATIS

Les esperamos!!!

Les recuerdo que este documental es uno de los filmes que se presentan en Fine Arts del 12 al 18 de noviembre, como parte del Puerto Rico Queer Film Fest

Se necesita un cuarto propio… o una calle pública

•4 Noviembre 2009 • 1 comentario

Recientemente leí A Room of One’s Own de Virginia Woolf, un tremendo ensayo en el que la escritora trata de estudiar la relación entre la mujer y la ficción. Comienza su ensayo con una tesis clara: “a woman must have money and a room of her own if she is to write fiction; and that as you will see, leaves the great problem of the true nature of woman and the true nature of fiction unresolved.” Ya en 1928, Virginia Woolf era consciente del efecto que tiene la falta de autonomía económica en la habilidad de una mujer (o un hombre) para maximizar el desarrollo de su capacidad intelectual. O sea, quien es pobre usualmente no podría dedicarse a escribir, o a algún otro tipo de arte.

Esta idea que a algunas personas les sonará a alerta roja marxista no creo que sea un descubrimiento original, más bien fluye de las mismas condiciones de la vida. ¿Acaso algún obrero podría trabajar 12, 14 ó 16 horas al día para luego sentarse a escribir y desbordarse en sentimiento? Entonces como bien dice ella, la libertad intelectual de quien se dedica al garabato sobre papel es un lujo que pueden darse solamente personas con independencia económica y espacio personal. En el caso de las mujeres de su época (que no se aleja tanto de las de nuestra generación), la autora explica: “Making a fortune and bearing thirteen children –no human being could stand it.” ¡Ni hablar de una habitación propia! ¿O es que acaso una puede respirar tranquila 5 minutos luego de haber parido todo un equipo de fútbol?

mujeres se pintan para protestar

Teniendo todo esto de las mujeres y el arte en mente, me encuentro hoy con la noticia de una manifestación al desnudo que llevaron a cabo ocho mujeres frente a la Procuradoría de las Mujeres. Entonces pensé ¡esto sí es creatividad y libertad expresiva! ¡Qué genialidad artística! Por lo menos la expresión artística ya no es monopolizada por el poder económico, aunque definitivamente las mujeres seguimos necesitadas de Don Dinero. Quizás la narradora de A Room of One’s Own las criticaría por estar tan conscientes de su sexo como para usarlo de lienzo. Después de todo, la narradora aboga por la teoría de la “mente andrógena,” el cual se basa en que la mente humana tiene componente masculino y femenino, pero que para su mejor funcionamiento tienen que estar en harmonía. Ella reprocha tanto a mujeres como a hombres el que estén tan conscientes de su género, pues considera que la expresión artística necesita libertad total de pensamiento.

Aunque suena todo muy bonito, no estoy del todo de acuerdo con esta teoría. Probablemente porque a mí al igual que a Virginia Woolf se me hace difícil olvidar que soy mujer en una sociedad que, aunque me ha reconocido el derecho al voto (entre otros), avala violaciones a mis derechos y a mi dignidad como ser humano. Son muchos los atropellos que aún sufrimos las mujeres hoy día: desinformación sobre derechos sexuales y reproductivos; invisibilidad de las mujeres lesbianas y de las inmigrantes; pobreza; maltrato en pareja y agresión sexual, entre otros. Precisamente estos actos de violencia son los que querían exponer las 8 musas desprovistas.

mujeres contra la agresion

En su ensayo, Virginia Woolf hace un recorrido por escritos históricos y de ficción que emitan alguna opinión sobre la condición de las mujeres. Aunque no me sorprendió, creo que amerita transcribir esta porción en la que hace referencia a lo hallado en el libro History of England (1926) del Professor Trevelyan en el cual se describe la posición de la mujer en Inglaterra alrededor del año 1470:

Once more I looked up Women, found “position of,” and turned to the pages indicated. “Wife-beating,” I read, “was a recognized right of man, and was practiced without shame by high as well as low… Similarly,” the historian goes on, “the daughter who refused to marry the gentleman of her parents’ choice was liable to be locked up, beaten and flung about the room, without shock being inflicted on public opinion.

Han pasado más de 500 años desde entonces… y me siento obligada a preguntar: ¿acaso no hemos aprendido nada? Es cierto que ahora la opinión pública censura este tipo de comportamiento, pero eso no es suficiente… hace falta mucho más.

¡Saludos!

•18 Octubre 2009 • 2 comentarios

La primera vez que me enteré de la existencia de los blogs personales, esos en los que la gente no informa sino que opina, fue porque una persona cercana a mí me preguntó si ya había creado uno, que debía considerarlo porque era la nueva tendencia y que como siempre me ha gustado “eso de leer y escribir”, pues no estaba mal colgarlo en la red.  La realidad es que nunca he sido muy de ir ni a favor ni en contra de la corriente, no sigo mucho la moda y la mayor parte de mi vida la he pasado sin encajar bien en grupos grandes.  No hice caso a la sugerencia en aquel momento, pero recuerdo que instintivamente me hice varias preguntas:

¿Acaso soy alguien de renombre con ideas innovadoras? No, la verdad es que no.  Por lo menos por el momento, miento si digo que lo soy.

¿Por qué alguien querrá leer algo que escriba yo? Soy una hija de nadie que nació en un país de política indeterminada… que ha tenido un sinnúmero de conversaciones con conocidos y desconocidos por igual, sobre todo y la nada… que se siente culpable porque su afición por los libros y el papel perjudican el medioambiente… que ha viajado menos de lo que quisiera pero más que la persona promedio… y que, en el cuarto de siglo que ha vivido, no se ha atrevido a poner por escrito su opinión, por temor a cambiar de idea o a la posible falta de fundamentos.

Entonces, ¿para qué abrir un blog? La respuesta es sencilla: yo escribo para expresarme y quien lea lo hará para entretenerse, comentar o refutarme.

Siempre he considerado tener una mente muy activa, a veces (sobre todo cuando dan las 3am sin que pegue un ojo) más de lo que quisiera.  Gran parte de esos pensamientos se quedan en el vacío entre pararme a escribir o acurrucarme para dormir, pero otro tanto se queda divagando y van creando lo que he llamado un garabato mental.  Esto ocurre cuando trato de entrelazar y dar sentido a: observaciones que hago, las noticias más comentadas y algunas ignoradas, lecturas tanto académicas como de placer, mis experiencias pasadas y las vivencias del día a día.

¡Bienvenid@s a mi garabato mental!